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Hablemos de gestionar emociones

No hay emociones positivas o negativas, ni tampoco se controlan, las emociones se gestionan.



Las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos del individuo cuando percibe un objeto, una persona, un lugar, un suceso o un recuerdo importante. Es aquello que sentimos, cuando percibimos algo o a alguien. Son universales y comunes a todas las culturas. Por lo tanto, las emociones no son perjudiciales.


Emociones primarias y emociones secundarias


Comencemos con las emociones primarias, son universales, reconocibles a primera vista, se producen en momentos determinados y tienen repercusiones físicas (las sentimos en el cuerpo). Aunque hay diversas propuestas de emociones primarias de diversos autores, se reconocen cinco emociones primarias: alegría, enojo, miedo, asco y tristeza. Las mismas son fundamentales e indispensables para la supervivencia.

Las emociones secundarias surgen a partir de la combinación de las primarias, son emociones que se adquieren después de los 2 o 3 años y participan en procesos sociales y culturales. Las mismas suelen ser aprendidas. Este tipo de emociones fomentan el autoconocimiento y la identidad personal. Tiene un peso sobre la autoestima y la forma en la que nos consideramos a nosotros mismos. Algunos ejemplos son la culpa, vergüenza, celos, etc.


Las emociones iniciaran con una activación orgánica que derivara en una excitación neuroadrenal en la corteza cerebral para producir un recuerdo y posteriormente un pensamiento o una idea. Dependiendo de la activación, la emoción excitará o inhibirá la conducta.


La amplificación emocional.



La amplificación emocional es un concepto que se viene desarrollando en la psicología. El mismo consiste en que cuando una emoción deriva en la sensación que construye la idea o representación en nuestra mente y la evitamos, la inhibimos o la ignoramos tiende a amplificarse en intensidad. Es como intentar meter un balón en el agua, entre más profundo lo presiono, mayor fuerza obtendrá en regresar.


Ahora, entender el mecanismo emocional y los tipos de emociones nos permite gestionarlas de una manera más saludable para nosotros mismos. Sentirlas y no negarlas nos pone en condición de poder afrontarlas.


Teniendo presente que no es una tarea fácil se proponen las siguientes recomendaciones:


1. Prudencia


Diversos filósofos como Pirrón proponen la prudencia como una virtud esencial en el pensamiento crítico. Pues implica templanza, cautela y moderación que deriva en un juicio más prudente con la circunstancia.


En esta instancia se sugiere no tomar las cosas muy deprisa, identificando las sensaciones y pensamientos asociados previniendo posibles distorsiones asociadas a la situación. Por ejemplo: si estoy caminando solo, en la calle durante la noche y comienzo a sentir que mi corazón late más rápido, tengo imágenes, recuerdos o pensamientos de que algo malo sucederá, observaremos la sensación de miedo. El miedo como emoción primaria responde a un propósito vital de autocuidado, de protección y seguridad. Si a partir de la prudencia identifico que la situación es coherente con mi estado emocional, el miedo me esta promoviendo a realizar alguna acción para mejorar la seguridad en el entorno. Lo importante en el contexto es no vincular la sensación a la creencia de que no podre controlarlo, soy vulnerable, el mundo es peligroso, etc. Ya que las mismas son interpretaciones apresuradas de algo que no está sucediendo efectivamente.


2. Ser compasivos


Teniendo presente que las emociones no son incorrectas. Es importante que las validemos y le demos la importancia necesaria. El interponer una creencia de debilidad sobre nosotros mismos por sentir o pensar, producirá una minimización de la emoción que deriva en amplificación de esta. Por ejemplo, ante la sensación de tristeza con reacción de llanto y creer que llorar es de “débiles” “maricones”, etc. Invalidará inmediatamente la emoción y amplificará el efecto de la tristeza. Por lo tanto, tenemos que ser compasivos con aquello que estamos sintiendo. Tratarnos bien es la clave.



3. Concentrarnos en el presente


La emoción es la madre del pensamiento, por lo tanto, cada vez que sentimos pensamos. Sin embargo, emociones como el miedo o el enojo pueden construir escenarios en nuestra mente de forma asociativa o imaginaria. Sera importante revisar la calidad de los pensamientos y ubicarlos en el presente. Ya que ejecutar decisiones debido a un pensamiento irreal nos puede llevar a problemas. Tener comportamientos estereotipados, repetitivos o reiterativos. Por ejemplo, si estoy enojado con un familiar porque “hizo mala cara” a un comentario que realicé, deberá validarse con la situación real ya que puede estar sustentado en una interpretación distorsionada de que no “no le interesa o mi opinión no es valiosa”. Se sugiere revisar pautas de asertividad. Comunicar y hacer expresión emocional son las mejores herramientas para producir restablecimiento emocional y promover el pensamiento en el presente.

4. Buscarles el sentido


Entendiendo que las emociones son necesarias para orientar la conducta y el comportamiento, será importante asociar las emociones con aquellas circunstancias que estamos viviendo. Es importante reconocer que las emociones son fluctuantes. Sin embargo, cuando una emoción persiste de forma permanente por más de dos semanas suele indicarnos dificultades de adaptación o de gestión emocional. En procesos terapéuticos se sugiere hacer registro de las emociones, de forma diaria o situacional a diferentes escenarios. Es posible probar con alguna aplicación o simplemente un diario de registro. Es importante consultar ante una emoción persistente o perseverante.


5. Construir una orientación



La mejor forma de reducir el impacto de las emociones será construyendo acciones debido a lo que sugieren, por ejemplo, el miedo y el desagrado contribuyen a la protección. El enojo al límite, la tristeza a la introspección y la alegría a la motivación.


Orientar mi conducta en razón a mi estado emocional y pensamientos permitirá la coherencia funcional necesaria que deriva en hábitos más saludables con mis necesidades.

“Ser emocionalmente ágiles significa aprender a convivir con nuestras emociones, pensamientos y recuerdos de forma saludable. Siendo, además, coherentes con nuestros valores” Susan David, 2020.


Si te interesa explorar el tema de las emociones los autores sugeridos son Plutchik, Goleman y David S.

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